El poder de descansar

Una vez escuché una historia que me hizo reflexionar. No consigo recordar cada detalle de ésta pero en resumen viene a ser algo como esto: en algún lugar de África había un pastor de una Iglesia muy trabajador. Éste era el primero en llegar a los cultos y el ultimo en irse. Trabajaba incesantemente y creía en hacerlo todo para Dios. Sin embargo, un día, algo extraño pasó: el pastor no se presentó a la Iglesia. Después de buscar y buscar por fin lo encontraron... en casa, ¡muerto!. Una nota yacía a su lado explicando como no había podido aguantar la presión.

  Este ejemplo puede que sea algo extremo, pero es cierto; y aunque no en la misma magnitud, pasa muy a menudo. No es de extrañar ya que en las iglesias se predica mucho sobre el trabajo: trabajar, trabajar y trabajar. A mi parecer, hoy día existe una visión general del trabajo no solo errónea, si no que peligrosa. Hemos puesto al señor Trabajo en un pedestal. Es posible que usted mismo sea uno de éstos, o conozca a alguien que honre a este señor. Yo, puedo decir personalmente, que he caído en este error; y veo muchos que caen en este error. Lo curioso es que en muchos casos las personas trabajadoras (o extratrabajadoras, mejor dicho) suelen quejarse de tanto trabajo y al mismo tiempo exaltar su labor. Esto lo he visto una...y otra vez. Lo que vienen a decir (esto lo podemos leer entre líneas) es algo como: «Uff, estoy agotadísimo, pero mira que bueno que soy, mira todo lo que hago, mira todo lo que he conseguido y hecho para Dios. Toda la gente me alaba por ello. Soy una referencia para todo el mundo». Pero Dios los mira y responde: «¿Quién me ha dado a mi primero para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío (Job 41:11). Sacrificio y ofrenda no [me] agrada; […] holocausto y expiación no [he]demandado.» (Salmos 40:6)

Como dice Andy Stanley la gente suele trabajar en exceso si saber el porqué.

«Nunca lo conseguiré –piensan.» Pero, ¿Conseguir el qué?
«Me quedaré atrás.» ¿Atrás de qué?
«Seré pobre.» ¿Qué es ser pobre?
«No me aceptarán.» ¿Quién no te aceptara!
«No daré la talla.» ¿Qué talla?

   En general esto se puede resumir en que la gente trabaja para ser reconocida, para ser «algo». Sin embargo Dios ya nos a reconocido. Para Él ya somos algo. ¿Por qué nos preocupamos tanto entonces? ¿No será a caso que ponemos a las personas por encima de Dios?

  Por otro lado hay otro aspecto importante que hay que mencionar. Hay gente que trabaja en exceso a cause del dinero. Trabajan pensando que si trabajan menos no les alcanzará para vivir. Pero el problema está en que nunca nos hemos preguntado que es lo que realmente necesitamos para vivir. Nunca nos hemos preguntado donde está el limite. La mayoría de nosotros podríamos vivir con menos de lo que tenemos; sin embargo tenemos en nuestras cabezas la idea de que debemos tener más. Y eso es peligroso, porque como dijo Jesús: «Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a mamón (riquezas).» (Lucas 16:13) Debemos escoger entonces si debemos ser esclavos de Dios o del dinero. Ser esclavos del dinero por consiguiente nos llevará también a ser esclavos del tiempo, no solo por estar ocupados, sino también por que nuestra mente estará demasiado preocupada por el dinero; lo que nos hará pensar menos en Dios.

  Alguna gente se preguntará si realmente vale la pena trabajar menos, que qué se sacará de ello. Muchas cosas sin duda. Físicamente tu cuerpo descansará más, lo que te dará más energía y salud (sin mencionar que tendrás menos estrés). Tu mente estará más despejada y tus pensamientos más claros; podrás tomar las decisiones correctas y hacer mejor los trabajos. Finalmente tu espíritu estará en paz y tu corazón más cerca de Dios.

  Visto lo expuesto pues, creo que deberíamos empezar a predicar menos sobre el trabajo (no que esto sea malo —no quiero que se me malinterprete—) y un poco más sobre el descanso. Recordemos que según la Ley dada a los Israelitas el día de reposo (Shabbat) era muy importante; sí, era un mandamiento. Debemos, sin duda tomarlo como un ejemplo. Sin embargo no pensemos que sí descansamos un día y trabajamos como locos el resto de la semana las cosas nos irán bien. Debemos aprender a tener un Sábado diario; es decir, apartar un tiempo cada día para descansar. Pero recordemos que no debemos solo descansar por descansar. Hay mucha gente que sabe hacerlo muy bien –deamsiado bien—. Pasarse cada día cuatro horas delante del televisor no es tampoco algo bueno. El descanso es, sobre todo, para pasar más tiempo con Dios.


Lev Zarco